Eva Espada
Madrileña de nacimiento, desde muy joven Eva ya destacaba en el ámbito creativo.
Su primera toma de contacto con la fotografía fue en la facultad de Bellas Artes, donde se licenció en Diseño Gráfico e Industrial.
Allí comenzó a experimentar con la fotografía en blanco y negro, descubriendo una nueva forma de expresión artística que se convertiría en auténtica pasión.
Evolucionando
Trabajó como diseñadora web, cuando la industria de internet empezaba a despegar, dirigiendo para grandes empresas proyectos en este campo.
En esa época la fotografía era simplemente un hobby para ella, sin llegar a pensar en dedicarse a ello profesionalmente.
Hasta que conoció a Wilfred Lauber en Cairns (Australia) donde Wilfred vivía.
Y comenzaron a viajar juntos, primero en Australia y luego Europa y Asia.
Durante sus viajes descubrieron su propio estilo fotográfico, inspirados por la fotografía de paisaje y naturaleza de fotógrafos como Peter Lik, Ken Duncan y Peter Jarver.
Con su experiencia en viajes, su ansia por capturar la belleza y viendo todo el potencial que ofrecía la fotografía de paisaje, era inevitable que Eva Espada y Wilfred Lauber quisieran compartir todo ello, lo que los llevó a crear la editorial fotográfica ENDLESS LATITUDE.
Eva Espada lleva la creatividad en la sangre.
Le apasiona la historia, la riqueza cultural de otros lugares, la belleza y el color.
Fotógrafa y Creativa
Después de casi dos décadas especializada en fotografía de paisajes y arquitectura, Eva Espada sigue buscando y descubriendo con pasión nuevos lugares y nuevas perspectivas que añadir a su archivo fotográfico.
Su gusto por la belleza se puede apreciar también a la hora de plasmar las fotografías que Endless Latitude publica y que Eva prepara con esmero, destacando la elegancia en la composición y el cuidado en la ejecución.
Además de su trayectoria en el campo de la fotografía, también desarrolla su faceta creativa en el mundo de la ilustración. Su primer libro El Pajarito del Chupete, parte de una historia real que vivió y que un día decidió transformar en un cuento ilustrado. Una historia que, como suele ocurrir con las buenas historias, pedía a gritos ser contada.